Mechones en la almohada.
Pelos en la ducha.
Cada mañana. Sin parar.
Marisol tiene 36 años. Empezó a notar algo que no podía ignorar: al levantarse de la cama, al ducharse, al peinarse. Siempre mechones. Cada vez más.
"Lo primero que hacía en la mañana era revisar la almohada", cuenta. "Empecé a cambiar mi peinado, a cubrirme, a evitar que alguien lo notara. Me sentía menos yo."
→ Lo que Marisol vivía tiene nombre. Miles de salvadoreños lo viven en silencio.
Lo que muchos no saben: la caída del cabello no es solo estética. Estudios de la Universidad de Harvard muestran que el 75% de quienes la padecen reportan pérdida significativa de confianza. No es vanidad. Es identidad.
→ El error que comete casi todo el mundo: esperar. El folículo no espera.